José Ortega y GassetEl problema de España y la filosofía.

  1. Lora Cerdá, Santos
Dirigida por:
  1. Fernando Hermida de Blas Director/a

Universidad de defensa: Universidad Autónoma de Madrid

Fecha de defensa: 25 de septiembre de 2020

Tribunal:
  1. Domingo Hernández Sánchez Presidente/a
  2. José Luis Mora García Secretario/a
  3. Roberto Albares Albares Vocal
  4. Javier Zamora Bonilla Vocal
  5. Fernando Larraz Elorriaga Vocal

Tipo: Tesis

Resumen

El problema de España, planteado dramáticamente por los pensadores regeneracionistas y la Generación del 98 a partir del sentimiento de decadencia patria, es heredado por Ortega y constituye el tema central de su pensamiento y su ocupación intelectual, que puede definirse como un “programa de salvaciones” que incluye una doble vertiente: política, esto es, el análisis de los problemas y deficiencias de España como nación y como sociedad, alumbrando soluciones que llevarían a superarlos, y filosófica: la reflexión radical que les da hondura y fundamentación. Se funden así en él, según propia confesión, su indeclinable vocación filosófica y su apremiante afán patriótico. Se analiza en este trabajo la reflexión orteguiana sobre España a lo largo de toda su obra -especialmente entre 1902 y 1932- y cómo se implica y relaciona con su filosofía, asistiendo así a la evolución paralela de su pensamiento filosófico y de su pensamiento político-patriótico. Ello nos lleva a constatar que en realidad toda su obra es preocupación y servicio de España y que toda su filosofía está ligada a ese problema. Se analiza en cuatro etapas: 1/ 1902-1911. La deficiencia fundamental de España es de ciencia y de cultura: resistencia a la modernidad. Y la filosofía que le da respuesta es la neokantiana, con su propuesta de cultura, pedagogía social y socialismo ético o humanista. “España el problema, Europa la solución”. 2/ 1911-1916. Ortega se compromete en una superación del idealismo de la mano de la fenomenología, arribando a una primera formulación de su filosofía como filosofía de la razón vital que se traduce para España en una política de la vitalidad -transformar el Estado, revitalizar la sociedad- o, si se prefiere, en un programa de salvaciones que supone un acercamiento objetivo a la realidad española que alumbre y haga posible su perfección. España se salva desde su filosofía. 3/ 1917-1930. Asistimos al desarrollo, fundamentación y, en definitiva, sistematización de la filosofía de la razón vital o raciovitalismo. Para España, esa razón vital se concreta en la labor del intelectual que analiza los problemas de la actualidad política y social de España y profundiza en una síntesis teórica que revela su raíz última (particularismo, ausencia de verdaderas aristocracias) y permite concretar soluciones verdaderas y efectivas: nacionalización, imperativo de selección. 4/ 1931-1936. La descomposición definitiva del sistema de la Restauración, el fracaso de la Dictadura y la desnacionalización de la Monarquía imponen un cambio de régimen: la República como un proyecto de Estado nacional que convierta, por fin, España en una sociedad democrática, liberal, próspera y justa. Pero la República se desnacionaliza por el radicalismo sectario de unos y el obstruccionismo igualmente radical y sectario de los otros, haciendo peligrar la propia convivencia nacional. El silencio de Ortega, con el continuo recordatorio de lo que dejó establecido como necesario (conciencia y juicio personal, democracia, liberalismo, necesidad de justicia y organización para la prosperidad; pero sobre todo la decencia nacional: el reconocimiento del otro como compatriota), fue su respuesta a la dialéctica de polarización y criminal fanatización. Epílogo: El problema “nacional” español es un caso particular del problema general que están sufriendo las naciones europeas y amenaza el fondo mismo de la civilización en que han convivido: el exceso de “socialización” que arruina la respuesta personal libre y responsable y una “masificación” que amenaza con liquidar o supeditar la excelencia a la vulgaridad, convirtiendo Europa en el dominio de los nacionalismos, los populismos y la demagogia. No hay solución a los problemas nacionales y a la conservación de los “valores espirituales europeos” sino en la confluencia de las naciones europeas en la construcción de una supernación: los Estados Unidos de Europa