José Romero Escassilegado material e inmaterial. Valoración cultural

  1. Viguera Romero, Rocio
Dirigida por:
  1. María-Dolores Ruiz-de-Lacanal Director/a

Universidad de defensa: Universidad de Sevilla

Fecha de defensa: 14 de septiembre de 2017

Tribunal:
  1. Teresa Laguna Paúl Presidente/a
  2. Jaime Gil Arévalo Secretario/a
  3. Cayetano José Cruz García Vocal
  4. Ana María Calvo Manuel Vocal

Tipo: Tesis

Teseo: 470133 DIALNET lock_openIdus editor

Resumen

José Romero Escassi mostró desde su más tierna infancia una inquietud artística que chocaba con su ambiente familiar y social, en el que no tenía ningún referente. Sus primeros años transcurren entre su pueblo de nacimiento, El Coronil, y Marchena, pueblo sevillano donde se traslada su familia unos años más tarde. Es en el colegio de los Jesuitas El Puerto de Santa María, donde permanece dos años interno, cuando empieza a despertarse en él una curiosidad por todo lo que le rodea, curiosidad que se mantendrá durante toda su vida y que es un rasgo fundamental de su carácter. Más tarde realiza sus estudios de bachillerato en Córdoba y se traslada con su familia a Sevilla en 1935. Allí comienza la carrera de Medicina, que termina muchos años después en Granada tras el paréntesis de la Guerra Civil, siendo alumno interno de la cátedra de anatomía patológica médica del profesor Pedro Rodrigo Sabalete. Sin embargo, su actividad docente no se limita al estudio de esa carrera. La inclinación y el interés que ya mostraba por todos los aspectos artísticos y culturales de vanguardia, le llevan a asistir como libre oyente a las clases de Historia del Arte que impartía Francisco Murillo en la Universidad hispalense, que fue quien realmente le abrió los ojos a todos los movimientos artísticos. Pero también acude en la misma universidad sevillana a escuchar las lecciones magistrales que imparte el poeta de la Generación del 27 Jorge Guillén, que le introduce en la literatura contemporánea e inician una buena amistad. Gracias a él entra en contacto con el ambiente literario de la ciudad y con los jóvenes poetas de vanguardia que forman el grupo Mediodía, y que entonces destacaban en la ciudad: Eduardo Llosent, Adriano del Valle, Joaquín Romero Murube, Juan Sierra y Pablo Sebastián, entre otros. Su amistad con el pintor Antonio Abelardo y sus primeras incursiones profesionales pintando carteles e ilustrando artículos en las revistas culturales más destacadas en esos años, previos a la Guerra Civil española, le plantean serias dudas entre sus dos vocaciones, la médica y la artística. Es también en estos momentos cuando conoce al pintor José Caballero, una relación que fue decisiva para dar el paso definitivo en su carrera artística, al colaborar con él en la creación de figurines y escenografías teatrales. Caballero, que había sido discípulo del admirado Daniel Vázquez Díaz, le animó con entusiasmo y cordialidad a decantarse por una exclusiva dedicación al arte. Como para tantos jóvenes de su generación, todo se trunca al estallar la Guerra Civil en 1936, y la contienda marca un sesgo en su vida. También supone la pérdida de todo el esplendor cultural que había configurado su personalidad y sus inquietudes. Tras unos primeros meses combatiendo en el frente y su paso por el Hospital Militar, que se establece en el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, se abre una puerta a la esperanza cuando Dionisio Ridruejo lo reclama, en 1938, para que pase a formar parte, junto a José Caballero, del Departamento de Plástica que crea el Servicio de Prensa y Propaganda del Gobierno Provisional del bando nacional, instalado en Burgos. Se inicia otra de las facetas que mantendrá durante toda su vida, la de dinamizador cultural desde los diferentes puestos que ocupa en la administración. Es entonces cuando cultiva sus amistades más valiosas y duraderas: Pedro Laín Entralgo, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y el propio Ridruejo. Terminada la guerra civil, en 1939, se instala en Madrid, donde participa de muchos de los acontecimientos culturales que comienzan a renovar y a humanizar la vida cotidiana madrileña en los duros momentos de la postguerra. Asiste a alguna de las tertulias literarias, como la que crea Manuel Machado en 1940 con el nombre de Musa Musae y en la que José Romero Escassi incluso realiza e ilustra los carnets de los socios, entre los que estaban Eugenio D’Ors, Gerardo Diego, Regino Sainz de la Maza, Ignacio Zuloaga, Sebastián Miranda, Federico Sopeña y otros muchos artistas e intelectuales de significada personalidad, guiados de alguna manera por José María de Cossío. Con Manuel Machado entabló una relación personal que sería inolvidable para él, e incluso le ilustró algunos de sus libros. Su obra plástica empieza a ser seleccionada para algunas exposiciones. En 1940 participa en el Salón de los Once, una iniciativa de Eugenio D’Ors, y en 1946 en la que se inaugura en la galería Buchholz de Madrid bajo en nombre de “Facetas del Arte Moderno Español”, donde sus obras se exponen junto al de grandes nombres del arte del momento, como Daniel Vázquez Díaz, una de las figuras indiscutibles del momento. A pesar de ello continúa sus estudios de Medicina, que concluye en 1946, aunque su trayectoria profesional se inclina ya definitivamente por el arte. En 1950, gracias a una beca concedida por la Dirección General de Instituciones Culturales, reside durante dos años en la Ciudad Universitaria de París. Es entonces cuando conoce y cultiva la amistad con Pablo Picasso y con muchos artistas de distintas disciplinas, como el músico Narciso Yepes. En 1961 la Fundación Juan March le otorga otra beca para estudiar los murales y mosaicos de las ciudades italianas de Ravena y Venecia, disciplinas que le interesaban muchísimo a José Romero Escassi y que trabajó en muchas ocasiones. Muchos de sus mosaicos, murales o vidrieras aún se conservan en lugares públicos o privados de toda la geografía española, como en Madrid, Jerez, Sevilla o La Coruña. En 1950 realiza los murales del Colegio de España de la Ciudad Universitaria de París, y en 1953 se inaugura el que pintó junto a José Caballero para decorar la sede madrileña del NO-DO. También pinta uno para las oficinas de la Lotería Nacional en Madrid. En 1956 realiza las vidrieras de la Universidad Laboral de Córdoba, en 1960 las de la Iglesia del colegio sevillano de los Sagrados Corazones y en 1968 se inaugura el de las RRMM Irlandesas de Sevilla. Sin embargo, su faceta más prolífica fue en el campo de la ilustración de libros, para los más importantes escritores de la época: Ángeles de Compostela de Gerardo Diego (1940), Retablo Sacro del Nacimiento del Señor de Luis Rosales (1940), La Doncella y el Río de Dionisio Ridruejo (1643), Juegos de Agua de Dulce María Loynaz (1947), Antología Poética de Agustín de Foxá (1948), Tierra y Canción de Joaquín Romero Murube (1948), Moguer de Juan Ramón Jiménez (1958), Cuaderno de Soria de Gaspar Gómez de la Serna (1959), Centro de Luz de Miguel Hernández (1958) y La Muerte, un ensayo de Sebastián García Díaz (1981), son los ejemplos más destacados de la amplia lista de libros que ilustró a lo largo de su vida. También colaboró ilustrando en las más importantes revistas culturales, como Vértice, Revista de Occidente, Clavileño, Cuadernos Hispanoamericanos, La Gaceta Literaria o Mundo Hispánico, y periódicos como el Abc publicaron en sus páginas ilustraciones de José Romero Escassi con frecuencia. En el plano narrativo, también publicó artículos escritos por él sobre temas diversos en Abc, Correo de Andalucía, Diario 16, Revista de Occidente, Clavileño y Cuadernos Hispanoamericanos, entre otros. Publicó asimismo varias monografías, como la del Grabado Español, de 1964, o la que escribió sobre el escultor Ángel Ferrant en 1973. Impartió numerosas conferencias por todo el mundo, la mayoría sobre Pablo Picasso, al que admiraba. José Romero Escassi ejerció la docencia, ganando por oposición en 1960 la cátedra de Anatomía Artística de la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, aunque no se incorporó hasta 1975. Durante el año 1968 ejerció como Profesor encargado de curso en la asignatura “Estética y Teoría del Arte Contemporáneo” de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. No sólo fue un artista excepcional, sino que ocupó durante toda su vida cargos de importancia, y desde ellos contribuyó en gran parte a la introducción del arte de vanguardia desde la postguerra hasta su muerte en 1994. Su fuerte personalidad le hizo participar en todo lo que le resultaba atractivo, e implicarse en actuaciones que ayudaron a fomentar el arte de vanguardia, bien como comisario de exposiciones y bienales de arte, cuando fue nombrado Comisario General de Exposiciones de la Dirección General de Bellas Artes en 1974, o bien desde su efímero puesto como Director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid durante el mismo año. También, de 1982 a 1985, fue director de la Residencia de pintores de Segovia. En 1964 recibió la encomienda de la Orden al Mérito Civil. Ingresó en 1987 como miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla y desde 1983 del Consejo Asesor de las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura. Quizás esta polivalencia en sus inquietudes haya motivado que su nombre no haya sido más conocido y que su labor, en muchos casos, pasara desapercibida incluso para muchos artistas, que desconocen que José Romero Escassi abrió camino al arte de vanguardia en España en una época tan difícil como la postguerra y el franquismo. Este trabajo pretende paliar esta carencia recuperando su obra plástica, integrándola estrechamente con episodios de su vida y con las personalidades de las que supo rodearse y que conformaron su trayectoria humana y creativa, personalidades de facetas muy dispares, como los pintores Pablo Picasso, Daniel Vázquez Díaz, José Caballero o Benjamín Palencia, el músico Narciso Yepes o los múltiples escritores con los que colaboró ilustrando sus libros, como los ya mencionados Luis Rosales, Leopoldo Panero, Camilo José Cela, Gerardo Diego, Romero Murube, Manuel Machado o Jorge Guillén.