El texto cifrado en la obra de David Mitrani Arenal

  1. DELLA VALLE, GIULIANA
Zuzendaria:
  1. Evangelina Soltero Sánchez Zuzendaria

Defentsa unibertsitatea: Universidad Complutense de Madrid

Fecha de defensa: 2023(e)ko ekaina-(a)k 02

Epaimahaia:
  1. María del Rocío Oviedo Pérez de Tudela Presidentea
  2. Bethania Guerra de Lemos Idazkaria
  3. Bernat Castany Prado Kidea
  4. Bernat Garí Barceló Kidea
  5. Teodosio Fernández Kidea

Mota: Tesia

Laburpena

La persecución, si bien considerada el peor mal, no es, por mucho que pueda parecerlo, el mejor golpe del totalitarismo contra el arte. La metastásica censura, desparramada dentro del individuo hasta la más recóndita neurona y transmutada en autocensura, cae, pinchazo de anestesia, contra el pensamiento y, más allá de cohibir su expresión, lo atrofia y le extirpa la libertad. En su peor versión, la censura, proscribiendo una obra, exiliándola de las imprentas nacionales, librerías, museos, lugares públicos; silenciando su referencia y la de su autor en los medios masivos, tiene el poder de enterrar vivo al artista. La censura, además, puede insonorizar un país, bloquear las voces incómodas que vienen de afuera; prohibir, si menester fuese, la importación de cualquier producto cultural sea éste visivo, escrito o sonoro. Inherente a todas dictaduras, la censura es el paso previo a la represión física, pero puede sobrevivir sin ella y, por lo mismo, practicarse muchas veces sin empañar la imagen de quien la ejerce. Hemos tomado la obra del escritor cubano David Mitrani Arenal como paradigma del texto que, sin dejarse domesticar por la oficialidad, alcanza a superar la censura que ella le impone. Así, como prolegómenos al análisis de su obra, hemos hecho un estudio diacrónico del ascenso de la censura en la Cuba postrevolucionaria y la táctica fidelista que consumó tanto la supresión de la prensa independiente como la imposición de alambradas a la creación artística. El mundo mitraniano descarnado, pesimista, y de contenta indiferencia al mismo tiempo, es un manifiesto de horror hacia lo apolíneo socialista donde pocos escenarios ameritan belleza y pocas acciones virtud. Los cubanos simulan, engañan, se prostituyen. El cuerpo, otrora espejo del alma, ha devenido grito epidérmico del sexo; el prójimo, mero objeto de placer (o, si lo requieren las circunstancias, aliado en la aventura brutal de la sobrevivencia). La libertad negada para plasmar las causas de la degradación se revierte en apedreo silábico contra el hombre nuevo y su isla feliz. Pero ¿cómo una obra así, que masacra la moral colectiva, pudo emerger y, además, ser aplaudida? Porque hubo límites que tales textos nunca traspasaron, al menos no explícitamente. La línea roja sólo puede superarse con una escritura subtextual, riachuelo subterráneo que brota desde lo sobrentendido. Nuestro objetivo ha sido delatar tales furtivos excesos en la escritura de Mitrani. Podría pensarse que, bajo la compulsión de la censura, el empleo de engañifas lingüísticas podría aportarle un valor agregado a una obra; que la censura, progenitor de lo hermético más que del decir abierto, sería, por carambola, responsable de una estética de la sugerencia. En nuestra tesis concluimos, sin embargo, que, más allá de ser un obstáculo, la censura es un verdugo, bajo su hacha caen obras, autores y voluntad creativa; bajo su ala crece mucho arte mediocre, se encumbra al artista menor, y se doblega, comprando o intimidando, la creatividad del que no es. En el campo que nos ocupa, suele propagar un gusto por el panfleto literario y una repugnancia ante la libertad que no hace más que perpetuar el nacimiento de intelectuales rengos. Toda obra con verdadero valor estético que ha logrado sobrevivir a la censura de un Estado totalitario ¿la de David Mitrani es un buen ejemplo¿, no lo ha conseguido gracias a ella, sino a pesar de ella.